Abrimos una colmena juntos: cómo vivimos las abejas, por qué polinizamos medio planeta y cómo nace la miel. Con degustación directa del panal.
Próximas fechas: 8 ago. 2026, 22 ago. 2026, 5 set. 2026
La primera plantación de pistachos del Uruguay
Pistachos orgánicos, lavanda, caléndula y abejas: un proyecto para generaciones en el sur del Uruguay.
¡Hola! Soy Meli, abeja obrera de Retoños del Edén.
Conozco cada flor de estas cinco hectáreas. ¿Venís conmigo? Te muestro cómo se planta un edén.
Meli te acompaña durante todo el recorrido.
Analizamos la tierra y la noticia es dulce: acá pueden crecer pistachos. Se aran los campos y se perforan, uno por uno, seiscientos hoyos que esperan su árbol.
A fin de año se plantan 600 pistachos, la primera plantación comercial del Uruguay. Orgánica y certificada según el estándar europeo desde el primer día: sin químicos, todo a mano. Seiscientos es el máximo que esta tierra puede cuidar bien, y así se queda.
Entre las filas florece lavanda para aceites y jabones; la caléndula tiene su propio rincón para té. Llegan las colmenas (¡mi familia!) y crece la segunda casa de barro, que se podrá alquilar. La tercera ya está soñada.
Un pistacho se toma unos cinco años para dar sus primeros frutos de verdad. La paciencia es como la miel: lenta, pero vale cada gota.
Un árbol testarudo y generoso que recién llega al país. Todo lo que aprendimos amándolo, acá.
Unos 20 gramos por cada 100 gramos: más que dos huevos.
Cerca de 10 gramos por cada 100. Un snack que sacia de verdad.
En su mayoría insaturadas, como las del aceite de oliva.
Luteína y zeaxantina, antioxidantes que cuidan la vista, le dan su color.
Cada estación tiene su trabajo. Elegí una y te cuento.
El árbol duerme y junta frío: necesita cientos de horas frescas para despertar con fuerza. Sin buen invierno no hay buena cosecha.
Machos y hembras florecen por separado, sin pétalos vistosos: el polen viaja en el viento, no en abejas. Yo igual superviso todo.
Con sol fuerte, la semilla verde va llenando su cáscara. Abajo florece la lavanda, que da sombra al suelo y trabajo a mi familia.
Las cáscaras se abren y avisan que están listas. Se cosecha a mano, se seca al sol, y las mejores semillas vuelven a la tierra.
Mientras los pistachos crecen, la lavanda trabaja: cubre el suelo, alimenta abejas y ya deja sus primeros productos.
Sus raíces sujetan la tierra y su sombra guarda la humedad entre las filas jóvenes.
Flores llenas de néctar justo cuando más trabajo hay en la colmena.
Da aceite y jabones años antes de la primera cosecha de pistachos.
Seguí el camino, paso a paso.
Las espigas se cortan a mano bien temprano, cuando el aceite está en su punto.
Vapor de agua atraviesa las flores y se lleva consigo el aceite esencial.
Unas gotas doradas por cada brazada de flores. Puro, intenso, concentrado.
El aceite se mezcla con aceites vegetales y descansa seis semanas hasta curarse.
Somos 60.000 obreras por colmena y sin nosotras no hay chacra. El apiturismo empieza acá, en mi barrio.
Tocá cada estación del círculo.
Lavanda, caléndula y monte nativo florecen por turnos, casi todo el año.
Tocá las flores y mandame a trabajar.
0/5 flores polinizadas
Cinco hectáreas alargadas que bajan suavecito hacia el este. Tocá cada parada, o dejá que yo te guíe.
Tocá los puntos para conocer cada rincón
Todo el perímetro está abrazado por un cinturón de eucaliptos, con hayas en algunos tramos.
Todo orgánico, todo de acá. Lo primero llega con las flores; los pistachos se hacen esperar un poquito más.
Los primeros del Uruguay, certificados orgánicos según el estándar europeo.
↳ El pistacho, nuestra estrellaDestilados de las filas que florecen entre los pistachos.
Hecha por mi familia con lavanda, caléndula y monte nativo. Mi obra maestra.
Tres preguntas cortas. Si las sacás todas, te ganás un lugar en mi colmena.
Aprender con las manos
Ecoturismo y apiturismo de verdad: medio día entre colmenas, lavanda, barro y pistachos. Grupos chicos, ritmo tranquilo.
Abrimos una colmena juntos: cómo vivimos las abejas, por qué polinizamos medio planeta y cómo nace la miel. Con degustación directa del panal.
Próximas fechas: 8 ago. 2026, 22 ago. 2026, 5 set. 2026
Cosechamos lavanda entre los pistachos, destilamos aceite esencial y cada quien se lleva su propio jabón hecho a mano.
Próximas fechas: 15 ago. 2026, 12 set. 2026, 3 oct. 2026
Plantás tu propio árbol en la primera plantación del país, con nombre y padrinazgo incluidos. Volvé cuando quieras a ver cuánto creció.
Próximas fechas: 29 ago. 2026, 19 set. 2026, 10 oct. 2026
Suelo vivo, mezcla de cultivos, cero químicos: los fundamentos del cultivo orgánico certificado según el estándar europeo, aplicados en la chacra real.
Próximas fechas: 26 set. 2026, 17 oct. 2026, 31 oct. 2026
Un día entero de bioconstrucción: mezclamos barro del terreno, levantamos pared en la casa 3 y aprendés por qué estas casas respiran.
Próximas fechas: 6 set. 2026, 4 oct. 2026, 1 nov. 2026
Demo: las reservas todavía no se cobran ni se confirman de verdad.
Las colmenas viven en el noroeste de la chacra, al reparo de la cortina de eucaliptos y a pocos metros de la lavanda. Ahí te ponés el traje, abrimos un cuadro y ves de cerca lo que casi nadie llega a ver: la reina, las obreras, la miel todavía tibia adentro del panal. Catalina cuenta por qué sin estas abejas no habría pistachos, ni lavanda, ni casi nada.
Nos juntamos en la Casa de Barro 1, tomamos mate y repasamos las tres reglas para estar tranquilos cerca de una colmena.
Caminamos el sendero circular hasta el noroeste, entre las hileras de pistachos y la lavanda en flor. Diez minutos, con sombra casi todo el trayecto.
Con traje y ahumador abrimos una colmena de verdad. Buscamos la reina, miramos la cría y entendemos quién hace qué ahí adentro.
Pasamos un cuadro de mano en mano, olemos la cera tibia y probamos miel directo del panal, sin filtrar.
Terminamos junto al agua hablando de calendula, de floración y de por qué las abejas eligieron quedarse en esta chacra.
US$ 25 p/ persona
La lavanda crece entre las hileras de pistachos y no está ahí de adorno: llama a los polinizadores y despista a las plagas. Cortamos a mano, cargamos el alambique de cobre y esperamos juntos las primeras gotas. Con esa agua floral, aceite de oliva y calendula de la chacra armás tu propio pan de jabón, envuelto en papel para que termine de curar en tu casa.
Arrancamos bajo el alero de la Casa de Barro 2 con mate y un repaso tranquilo de todo lo que vamos a hacer.
Cortamos lavanda con hoz entre los pistachos, en el momento del día en que el aceite está más concentrado.
Cargamos el alambique y miramos salir las primeras gotas. Mientras destila, contamos cómo la lavanda cuida a los 600 árboles.
Mezclamos aceite de oliva, agua floral y pétalos de calendula. Cada quien arma su pan y le elige el aroma y el molde.
Cerramos con una cata de olores: lavanda fresca, lavanda seca, aceite esencial puro y miel de la casa para comparar.
US$ 45 p/ persona
Hoy hay 600 pistachos en la chacra y el tuyo va a ser uno más, con su chapita, su número y su lugar en el plano. Stefan cuenta por qué el pistacho tarda siete años en dar la primera cosecha y por qué igual vale la pena plantarlo. Vos cavás, plantás, regás y te llevás la fila y el número anotados para volver cuando quieras.
Caminamos el sendero circular y vemos las hileras: las más viejas, las del año pasado y el lugar donde vas a plantar hoy.
Diez minutos de teoría al pie del árbol: por qué el pistacho necesita pareja y por qué acá la cortina de eucaliptos es tan importante.
Cavamos, mezclamos la tierra con compost de la chacra y revisamos juntos cómo llega el riego por goteo hasta la fila.
Plantás, regás y le colgás la chapita con tu nombre. Anotamos fila y número en el plano de la plantación.
Cerramos con limonada de la casa junto al tajamar y las fotos de rigor abrazando un arbolito de 40 centímetros.
US$ 60 p/ persona
Cuatro horas de chacra de verdad, sin diapositivas. Miramos el suelo con la pala en la mano, contamos lombrices, revisamos por qué va calendula entre las hileras y qué hacemos cuando aparece una plaga y no podemos usar nada de síntesis. Catalina abre además la carpeta de la certificación europea: qué se anota, qué se controla y cuánto trabajo administrativo es en realidad.
Arrancamos con mate y una vuelta de mesa: qué cultiva cada quien, en cuánta tierra y qué problema concreto trae.
Abrimos un pozo entre dos hileras de pistachos y leemos el perfil: raíces, lombrices, estructura, color y olor.
Recorremos las hileras y vemos lavanda, calendula y abonos verdes trabajando entre los 600 árboles.
Casos concretos de la temporada pasada: qué funcionó, qué no y qué salió carísimo. Preparamos juntos un purín.
A la sombra del tajamar abrimos los registros reales, las actas de auditoría y los errores del primer año.
US$ 50 p/ persona
Un día entero levantando pared en la Casa de Barro 3, la que todavía está en obra. Sacamos la tierra del propio terreno, la probamos con la prueba del frasco, la mezclamos con arena y paja y la subimos al muro. Al final del día vas a tener una pared que a la mañana no existía, las manos hechas un desastre y una idea bastante clara de por qué estas casas son frescas en verano y abrigadas en invierno.
Empezamos temprano con café y bizcochos y recorremos la casa terminada, la habitada y la que vamos a seguir hoy.
Prueba del frasco, prueba de la bolita y prueba de la cinta. Aprendés a leer si una tierra sirve para construir o no.
Barro, arena y paja sobre una lona grande. Se mezcla con los pies y suele ser la parte que más se disfruta.
Subimos la mezcla al muro de la casa 3, entre los parantes de madera. Se trabaja en duplas y se ve avanzar hora a hora.
A la tarde probamos revoque con arena tamizada y cal, y hablamos de cómo se mantiene una casa de barro con los años.
US$ 80 p/ persona
Esto es una demostración: no se envió nada ni se cobró nada. En la versión final, acá te llega un mail con todos los detalles.
Las casas de barro se construyen con la tierra del propio terreno: frescas en verano, abrigadas en invierno, ecológicas siempre. Quedarte a dormir acá es parte del recorrido.
La primera casa del proyecto, terminada y habitada. Prueba viviente de que el barro es futuro.
En plena construcción, cerca del anillo. Pensada para huéspedes: pronto en Airbnb.
La próxima del clan, sobre el tramo sur. El taller de barro ayuda a levantarla.
La primera de todas: la que probó que el barro aguanta.
Catalina y Stefan la levantaron con la tierra que salió del propio terreno, mezclada con paja y agua, sin comprar un solo ladrillo. Las paredes tienen casi medio metro de espesor y eso se siente apenas entrás: en enero adentro hace fresco sin aire acondicionado, y en julio guardan el calor de la estufa hasta la mañana siguiente.
El techo de quincho cae en una curva larga sobre la galería. Ahí está la hamaca amarilla que ya tiene su gente fija, dos colmenas apoyadas contra la baranda y una mesa donde el desayuno se estira más de lo previsto. Desde la silla se ven las hileras de pistachos bajando hacia el tajamar.
Alrededor hay canto rodado, agapantos que florecen violeta en diciembre y el zumbido constante que viene del noroeste, donde están las colmenas grandes. La casa está habitada, así que se abre a huéspedes en fechas puntuales: si coincide con tu viaje, es el mejor lugar para entender de qué se trata todo esto.
La casa que estamos levantando pensando en vos.
La segunda casa nace para huéspedes. Sesenta metros cuadrados en dos dormitorios, el mismo barro del terreno y el mismo quincho curvo, pero con la galería girada hacia el tajamar para agarrar el atardecer entero. Está cerca del anillo, a mitad de camino entre las colmenas y el bosque de eucaliptos.
En la pared norte quedó un hueco del tamaño exacto de un cajón de abejas. Ahí va a vivir una colmena de verdad, con un vidrio del lado del living: desde el sillón se ve crecer el panal, capa sobre capa, sin una sola abeja suelta adentro. La piquera queda afuera, mirando a las hileras de lavanda.
Del otro lado, entre el cinturón de eucaliptos, va el hot tub de agua caliente a leña. De noche no hay una sola luz alrededor en kilómetros: se ve la Vía Láctea completa, y desde el agua se escuchan las ranas del tajamar.
La obra avanza con los talleres de barro. Cada pared que se levanta lleva manos de visitantes, así que si venís a un taller vas a poder señalar tu pedazo cuando la casa esté terminada.
Todavía en el papel, sobre el tramo sur del anillo.
Valores previstos
La tercera casa existe por ahora en un plano dibujado a mano que vive sobre la mesa de la cocina, con manchas de mate y correcciones a lápiz. Va sobre el tramo sur, a cien metros del mirador, mirando hacia donde el terreno baja y se abre.
Es la más grande de las tres: dos dormitorios, un altillo para chicos y una galería en L que sigue el sol desde el desayuno hasta la última luz. La idea es que sea la casa donde se juntan las tres familias del proyecto cuando hay algo que festejar.
Se va a levantar como las otras, con barro del mismo tramo sur y paja de la chacra, en jornadas de taller. Si el clima acompaña, las primeras paredes se levantan la próxima primavera. Los números de abajo son del anteproyecto y todavía pueden cambiar.
¿Talleres, estadías, pistachos, prensa o simplemente curiosidad? Nos encanta el correo, casi tanto como el néctar.
Sur del Uruguay · 34°42′00.4″S 55°03′39.4″W
Catalina Marzorati y Stefan Strauß, y unas 60.000 abejas que opinan en todo.