Luna y el secreto de la colmena. Un viaje por el mundo de las abejas. Por Catalina Marzorati.
Luna y el secreto de la colmena
Un cuento de Catalina Marzorati
Un viaje por el mundo de las abejas
Luna se sienta en el jardín, escucha un zumbido y termina siendo del tamaño de una abeja. Yo la acompañé en ese viaje. Ahora te toca a vos: bajá conmigo hasta el corazón de la colmena.
8 cosas para hacer 14 secretos escondidos
Luna y el secreto de la colmena. Un viaje por el mundo de las abejas. Por Catalina Marzorati.
Luna estaba sentada en el jardín. La tierra estaba tibia por el sol. Flores amarillas, rojas y violetas la rodeaban por todas partes. ¡Qué bien huelen!, suspiró Luna.
La misma flor, mirada de dos maneras.
Es verdad: las abejas ven ultravioleta y no ven el rojo. Muchas flores tienen dibujos que solo aparecen bajo esa luz, y todos apuntan al néctar.
De repente, un suave zumbido rompió el silencio. ¡Bzzz! Hola, abejita, dijo Luna en voz baja. ¿Qué estás haciendo? La abeja se dio vuelta, miró a Luna y enseguida continuó trabajando, muy atareada. Estoy recogiendo néctar y polen, zumbó amablemente. ¡Sin mí no habría flores ni frutas en todo el mundo!
De la boca no. Tocá la flor lo más rápido que puedas durante cinco segundos.
Luna abrió los ojos con sorpresa. ¿En serio? ¡Entonces eres muy importante! La abeja, un poco orgullosa, se agrandó un poquito y movió sus alas apurada para todos lados. ¿Quieres venir conmigo? ¿Quieres que te muestre nuestro mundo?
Sacá de la mesa lo que desaparecería si no estuviéramos nosotras.
Luna asintió medio tímida y, de repente, todo empezó a brillar. Se sintió tan liviana. ¡Y sin esperarlo, era tan pequeña como una abeja!
Mantené apretado. La luz de polen va a hacer el resto.
Luna flotaba livianita por el aire. Meli, la pequeña abeja, volaba a su lado. ¿Ves esa cajita ahí abajo?, zumbó. Es nuestra colmena. Ahí vivimos.
Mové el dedo y arriesgá un número. Después abrimos la cajita.
Rápidamente volaron por una abertura estrecha y entraron en el cajón verde. Un aroma dulce a cera y miel. ¡Uaauu!, exclamó Luna asombrada.
Elegí un alimento y dáselo a una larva. Fijate qué pasa.
Frente a ella había una enorme casa hecha de celdas de cera. En todos lados había abejas trabajando: volaban, limpiaban, construían y bailaban. ¿Por qué bailan las abejas?, preguntó Luna. Ese es nuestro baile del meneo, explicó Meli. Así las recolectoras muestran a las obreras dónde están las flores más ricas y sabrosas.
Arrastrá para apuntar hacia la flor y elegí qué tan lejos está. El sol siempre está arriba.
De repente, una abeja muy grande y elegante se acercó lentamente. Todas las abejas siguieron trabajando sin sentirse molestadas. Bienvenida, Luna, dijo con una voz suave y dulce. Su perfume rodeó a Luna, el mismo que ella había notado al entrar a la colmena.
Cinco quieren entrar. No mires cómo son: mirá a qué huelen.
El resto del viaje de Luna está en el libro: las larvas, las guardianas, la vuelta al jardín cuando cae el sol.
Escrito e ilustrado por Catalina Marzorati, la misma que plantó los primeros pistachos de esta chacra. Estamos preparando la edición.
Quiero saber cuándo saleEl cuento nació para explicarles a los chicos cómo viven las abejas. Tenemos ideas para trabajarlo en clase.
Escribinos por tu grupoLo que Luna vive en el cuento se puede vivir de verdad: abrimos una colmena y probamos miel del panal.
Ver el taller de abejasTexto e ilustraciones: Catalina Marzorati. Todos los derechos reservados. Muestra de lectura.
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